Avance de “Destellos de oscuridad” (2)

Destellos de oscuridad, el tercer volumen de la serie Ciudad Fortuna, no se publicará hasta después del verano. Entretanto, en esta entrada, comparto con vosotros un nuevo avance de la novela. Deseo que os guste, lo compartáis y lo comentéis. ¡Os espero!

[Alerta spoilers: el texto puede desvelar detalles argumentales de libros anteriores].

 

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Avance de “Destellos de oscuridad” (1)

Destellos de oscuridad, el tercer volumen de la serie Ciudad Fortuna, no se publicará hasta después del verano. Entretanto, en esta entrada, comparto con vosotros el primer avance de la novela. Deseo que os guste, lo compartáis y lo comentéis. ¡Os espero!

[Alerta spoilers: el texto puede desvelar detalles argumentales de libros anteriores].

 

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La última partida

Realmente pensaba que, a esas alturas de la vida, era imposible que uno se encontrase ante sensaciones o emociones desconocidas. Pero todo aquel día era tan extraño…

Toda su vida le habían respetado o, mejor dicho, le habían temido. Ni le contradecían ni le importunaban. Él persistía y triunfaba. No se arredraba. Los remilgos no eran para él. Los remilgados le asqueaban. A él no le iban los escrúpulos. Era fuerte y, sin embargo, de pronto, sus métodos y creencias le habían fallado allá donde más podía dolerle.

La niñita había fallecido. ¡No podía soportarlo! El tratamiento que él propuso fracasó y no logró curarla. Para colmo, detestaba la idea de que la incinerasen, de no tener donde visitarla. Pese a todo, no discutiría más con su hijo; le había perdido. Y la pobre madre, que donó lo más valioso por quien más amaba, también se hallaba destrozada.

Una oscuridad irrevocable se había instalado en su corazón. Miró en rededor. Vio cielos teñidos de cenizas y flores muertas. Renqueante, se alejó de ese horrible lugar. El odio aumentó en él. La injuria sufrida por su familia debía ser vengada. En aquel paraje, supo contra quién iba a jugar la última partida de su vida; contra quien hasta entonces había creído que estaba de su lado: contra la fortuna. Y, con arrojo, empezó a mover ficha.

 

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El pasado ahogado

Bajó la ventanilla, pisó el acelerador y avanzó por esa apartada carretera secundaria. El viento revolvió su joven melena pelirroja dentro del vehículo. Estaba desesperada.

Su madre había desaparecido. Su tenaz, recia y amada madre se había desvanecido, con un escaso y confuso rastro tras ella. Madre e hija solo se tenían la una a la otra. Siempre fue así. Se querían como a nadie más en el mundo. Aquello no podía ser verdad.

Pero lo era. Y ella sabía la razón por la que su madre había desaparecido. La causa de su perdición había sido su conciencia. Algo, un hecho que la hija no discernía, hizo renacer en la madre una deuda largo tiempo desatendida, una tarea inacabada y una culpa que sepultó en su interior. Debía enmendar una injusticia acaecida décadas atrás.

Por ello, en pos de su madre extraviada, la hija abandonada llegó al lugar donde ocurrió aquella injusticia. Se trataba de un vieja finca, hoy casi abandonada, en mitad de ningún lado. Había un caserío, columpios, un granero… Allí empezó todo. Allí se truncó.

De pronto, allí, la joven revivió un hecho pasado que ella había ahogado en el fondo de su memoria. Quiso gritar, erguirse, salvarse. Tirada en el suelo, vio un enorme cielo azul encima de ella. No podía respirar. Derramó una lágrima. Y se acordó de aquel niño…

 

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