El zigurat y la estrella

20141004Ellatidodelcielo

El triángulo escaleno, mi primera novela de fantasía (que se publicará el próximo mes de diciembre), se compone de tres partes que se van entrelazando a medida que avanza la narración. La segunda se titula El zigurat y la estrella, y transcurre en el año 2403.

El relato se desarrolla en una tierra remota de localización indeterminada. Se trata de un enorme desierto que se extiende más allá de donde la vista puede alcanzar. En esta tierra, y en esta época, una estrella triple destaca notablemente en el firmamento por su brillo. Esta estrella pronto morirá, explotará, siendo ese el motivo de su fascinante luminosidad. La agonía de dicho astro marca un ritmo similar al de la arena que cae en el interior de un reloj. Es una cuenta atrás.

En mitad de dicho desierto, en un enclave discreto y distante, que la mayoría no conoce o ha olvidado, y cuyos habitantes se han esforzado por mantener en secreto a lo largo de decenios; allí, se encuentra La Ciudadela, una ciudad amurallada cuya comunidad vive en torno a un imponente zigurat de nueve plantas. Este lugar es una suerte de capital mística para aquellos que profesan cierta creencia sobre el karma y el alma. El zigurat oculta un secreto milenario. Y está en peligro.

En lo alto del zigurat, sobre sus nueve plantas, representando el décimo nivel del templo, se halla una cámara dorada. En el interior de esta alcoba, vive la líder de La Ciudadela. Se llama Helah. Ella es el oráculo. Es una anciana de casi cien años. Aunque, en realidad, ha vivido muchísimos años más. Posee un don prodigioso y ve más allá del espacio, el tiempo y las vidas. Su familia es extensa y ramificada. Ha pronosticado la llegada de una persona extraordinaria, un mesías que podrá conducirles hasta el guerrero que les comandará en la inminente guerra.

Pues la guerra se acerca. Fuerzas sombrías, conocedoras del poder que oculta el zigurat y de la posibilidad de poseerlo que pronto tendrá lugar, se dirigen hacia La Ciudadela con intención de conquistarla. Entre las figuras insignes del lugar, las cuales piensan defender su patria y su credo, se encuentran Valkiria y Circe. Valkiria es la sacerdotisa del templo. Conoce la clave de las reencarnaciones: quiénes han sido todos ellos en vidas pasadas, y cuáles son sus sinos. Circe, descendiente de Helah igual que Valkiria, hará cuanto sea necesario para proteger a su gente.

Mientras tanto, en otra zona de ese mismo desierto, vive un hombre, Shura, el cual se ha convertido en el protector de su aldea desde la muerte de su padre, Kalid, quien falleció misteriosamente en mitad de una insospechada tormenta de arena. Shura presiente esos peligros que se ciernen sobre la tierra en la que viven. Los ancianos de su pueblo le hacen ver que ha de partir en dirección al zigurat para batallar por el futuro de todos ellos. Así, Shura comienza su travesía por el desierto.

Al mismo tiempo, otro hombre, muy similar a Shura, pero radicalmente opuesto, también siente la llamada hacia la guerra. Y, en una cueva inhóspita, una sombra despierta de su letargo, dispuesta a conquistar lo que ansía desde hace siglos.

Un día, un muchacho de La Ciudadela, Anwar, recibe una misión cardinal. Ha de cruzar el desierto en busca del mesías que vendrá de muy lejos. El lenguaje de las estrellas será su única guía. Presto y dispuesto, Anwar comienza su búsqueda. Y así empieza

En la próxima entrada, continuaremos con El reino y la isla, la tercera parte de la novela El triángulo escaleno, que se publica en diciembre. ¡Os espero!

 

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El científico y el artista

20140915Ellatidodelatierra

El triángulo escaleno, mi primera novela de fantasía (que se publicará el próximo mes de diciembre), se compone de tres partes que se van entrelazando a medida que avanza la narración. La primera se titula El científico y el artista, y transcurre en el año 2007.

El relato se desarrolla principalmente en la isla canaria de Lanzarote, en torno al Parque Nacional de Timanfaya, donde, tres años antes, de manera tan fortuita como funesta, se efectuó un hallazgo insospechado en las entrañas del volcán. Se descubrió el yacimiento de un fluido, un líquido, desconocido hasta entonces. Se trataba de un líquido dotado de propiedades fascinantes y potenciales poderosos pero letales. En torno a esto, las vidas de una familia quebrada y de otras personas se anudan en un intrincado mimbre.

Alejandro, Gabriel y Dora componen un triángulo escaleno, una familia desunida tras el fallecimiento de Melchor, el padre, nueve años antes. Alejandro es el primogénito. Es un científico brillante y exitoso. Es el subdirector de “Osiris 9”, el exótico nombre (si bien para nada casual, por cierto) con el que se conoce al Proyecto altamente clandestino que investiga el fluido descubierto en las Montañas de Fuego y el Timanfaya.

Gabriel es el benjamín. Es un artista de capacidades privilegiadas. Incomprendido por su hermano, y apoyado siempre por su madre, posee un don increíble que él ni siquiera entiende todavía. Porque es capaz de ver mucho más allá de la propia vida, de descubrir otros universos, y reconocer otras reencarnaciones.

Dora, la madre de los dos hermanos, es una mujer singular. Como Gabriel, vive en Gran Canaria. Es consciente de la desunión que va creciendo respecto a Alejandro. Y sólo ella comprende que, muy pronto, habrán de reunirse para encarar sus destinos. Rafael, un amigo de Dora, dolorosamente implicado en los hechos que van a desencadenarse, les explicará que todos están vinculados con una búsqueda y una misión empezada siglos antes, y que se desarrolla en las vidas pasadas y futuras de las almas de todos ellos.

Con Alejandro, también estrechamente relacionada con la cadena que lleva vidas y vidas enlazándoles, trabaja Carol, su novia. A pesar de este noviazgo, entre Carol y Gabriel, el hermano de Alejandro, siempre ha subyacido una atracción que nunca halló su momento para expandirse. Ellos, por tanto, también forman un triángulo.

Pero existen muchos triángulos más. La mayoría aún ha de descifrarse. En bastantes de esos trígonos, desgraciadamente, la familia y sus allegados se encontrarán con Espaser, el director del Proyecto Osiris 9, un hombre ambicioso, con oscuras facetas ocultas, que lleva vidas enteras ansiando dominar ese líquido.

Una noche, Sergio, doctorando del Proyecto, accede secretamente a las instalaciones del sitio para obtener datos reservados. Ha descubierto unos secretos muy peligrosos acerca de Espaser, y está dispuesto a revelarlos. Sin embargo, su valentía y su entrega le conducirán a la muerte. Y así empieza

En la próxima entrada, continuaremos con El zigurat y la estrella, la segunda parte de la novela El triángulo escaleno, que se publica en diciembre. ¡Os espero!

 

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Mi primera novela: EL TRIÁNGULO ESCALENO

20141111Miprimeranovela

En el ciclo de vida de un escritor, el desarrollo de su trabajo, hay un momento singular, un punto cargado de trascendencia, que no puede ser más especial. Es aquel en el que su obra ve la luz. A partir de ahí, cobra vida propia, y conecta a su creador con aquellos que la disfruten. Este es el momento en el que me encuentro ahora.

Hoy, desde este blog, este rincón de la palabra en el que nos encontramos desde hace unos dos meses, os comunico oficialmente que mi primera novela editada, El triángulo escaleno, se publicará el próximo 9 de diciembre. Así que, a partir de esa fecha, todos podréis leerla. Y nos reuniremos en sus universos de horizontes y fantasía.

¿Qué es El triángulo escaleno? Es la novela de fantasía en la cual trabajé durante cinco años, entre 2008 y 2012, y que ahora, a finales de 2014, después de bastante espera y esfuerzo, por fin verá la luz, editada por mí mismo. Relata una historia que transcurre en tres épocas y tres lugares distintos; protagonizada por una constelación de personajes que, aunque no lo sepan, son las mismas almas que van reencarnándose a lo largo de los siglos, desde el XV hasta el XXV. Una creencia superior, junto a un descubrimiento prodigioso, conectarán una travesía por alta mar a mitad del siglo XV, una arriesgada investigación a principios del siglo XXI y una guerra en los albores del siglo XXV.

El triángulo escaleno es la gran historia en la que se desarrollaban los veintisiete relatos que se han ido publicando en el blog durante las últimas semanas.

La novela se publicará, en efecto, el próximo 9 de diciembre. Estará disponible a la venta en diferentes plataformas, en tres formatos: papel, epub y mobi.

Durante las próximas semanas, compartiré más elementos e informaciones acerca de esta historia, que espero que os atrape tanto como me ha cautivado a mí mismo desde el día, ya lejano, que la vislumbré por primera vez. Compartiré sinopsis desarrolladas del argumento, detalles de sus personajes y lugares, así como otros componentes temáticos de sus universos. También, publicaré avances que se puedan ir leyendo.

Esto no ha hecho más que empezar. Pronto, ampliaré todo lo referente a los puntos de venta, los actos de presentación, etc. Podéis seguirme en este blog, pero igualmente a través de Twitter y de Facebook.

Por ahora, sólo espero que os animéis a compartir este camino conmigo. Debo darle las gracias a muchas personas. Habrá tiempo suficiente para hacerlo como es debido. Eso sí, por supuesto, he de mencionar explícitamente a Ángel Serrano, autor de la fotografía que podéis ver encabezando esta entrada (así como en la cabecera del blog), y a Pilar Lahuerta, responsable de su magnífico retoque final.

El triángulo escaleno se acerca. ¡Os espero!

 

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El príncipe

Como era un bebé, nadie le entendía. Salvo su madre, nadie le prestaba mucha atención. Lo único que hacía era comer; disfrutar mientras le bañaban, secaban y acunaban; ver y observar; oír y escuchar; y dormir. Lo mejor era dormir. Pues, cuando dormía, soñaba. Sí, el Príncipe soñaba.

En sueños, era capaz de todo. Hablaba a su madre. Le repetía que no se preocupara tanto, que lo único que él necesitaba era su mirada, su aroma y sus besos infinitos. También, jugaba con el druida, riendo a carcajadas cada vez que atrapaba los ralos mechones de su barba cana. Además, conseguía conocer a su padre, quien le llevaba de paseo a lomos de su caballo, recorriendo todo el Reino. Algunas veces, el caballero iba con ellos, para que nada pudiera amenazarle. Aunque, en ocasiones, presentía la presencia de un señor serio de atuendo purpurado. En esos momentos, le dolía la tripa, se sentía muy cansado, y llamaba a su mamá.

Cuando despertaba, el Príncipe volvía a ser un niño de muy pocos meses. Comprendía el lenguaje de los mayores, pero él sólo se expresaba con el de los pequeños. Así que no podía relatarle todo lo que hacía en sueños a quienes le rodeaban, especialmente a su madre. Le hubiera encantado hacerlo. Y pedirles que le permitieran jugar un rato con esa corona que todos estaban protegiendo para él.

Una noche, rememorando aún el tacto de su madre, acurrucado en su cuna, experimentó un sueño maravilloso. Soñó que crecía y llegaba a convertirse en un hombre. Sintió que le llamaban desde un lugar distante, hacia donde sabía que debía encaminarse. Entró en el agua, nadó por el mar, cruzando un inmenso océano, y llegó a una isla con un volcán. Después, la isla se transformaba en otra isla. Adentrándose en ella, la isla, de pronto, se convertía en un desierto. Tres estrellas brillaban en el firmamento. Y bajaban a buscarle. Le envolvían en su luz. Y le conducían a su templo

 

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El cardenal

El cardenal manejaba con suma cautela y tiento las esencias más malignas e invisibles de la ponzoña. Estaba decidido a cumplir con su designio.

No titubeaba. No dudaba de que hacía lo correcto. Su determinación se redoblaba cada vez que observaba los deslumbrados rostros de sus feligreses durante sus homilías, cuando reconocía el alivio en sus voces después de haber escuchado sus confesiones, o cuando apaciguaba sus grandes miedos al pecado y al infierno. Solamente una fe fuerte y verdadera salvaría la deriva herética de ese país.

Ese era el motivo por el cual el cardenal se hallaba, en calidad de emisario de la única fe válida y posible, en aquel Reino. A lo largo de la historia de este, la desmesura en una mal entendida libertad de elección había dispersado al populacho. Las ovejas no podían pacer por doquier sin pastoreo alguno. Requerían un guía, una senda; precisamente aquella que él había venido a ofrecerles.

Realmente, meditaba a menudo el cardenal, su función no distaba tanto de aquella que tan rudamente desempeñaba el más predilecto caballero del Reino, un hombre a quien él detestaba sin molestarse en disimularlo. Ambos luchaban sus batallas: uno, en las guerras, con sangre y muerte; otro, en el púlpito, con amor y salvación. Pero la batalla del cardenal se distinguía de la otra por ser divina. Además, un bruto como el caballero, procedente del vulgo, no merecía ostentar su exagerada posición.

El cardenal se sulfuraba con frecuencia. Varias personas lograban incendiar su ánimo. Sólo pensar en el caballero lo provocaba, igual que la Reina o su herético druida. Pero no tenía que dejarse llevar por la exasperación. Su triunfo, el de su misión, se acercaba. Había llegado allí para evangelizar el Reino y todo estaba saliendo según lo planeado.

Así que finalizó la elaboración de aquella pócima nocturna. El Rey ya había fallecido. El caballero estaba perdido en la lejanía. Y él rezaba por que aquel veneno llegase pronto al Príncipe

 

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