El triángulo escaleno: Lugares: 1431

20141023Ellatidodelhorizonte

El reino y la isla, la historia del año 1431 en El triángulo escaleno, tiene lugar, como no podía ser de otra manera, en un reino (inventado) y una isla (¿inventada?).

Los principales escenarios de esta narración pertenecen al reino de Élsath. De un modo parecido aunque diferente al país donde se ubica el zigurat de 2403, el reino no existe en la realidad; eso sí, si atendemos a ciertas pistas y datos diseminados por la novela, podría localizarse en nuestro mundo.

Dentro del reino de Élsath, la acción va a desarrollarse fundamentalmente en su capital, Ciudad del Puerto. Otros enclaves secundarios son las regiones interiores de Las Vides y El Valle.

Élsath es un país situado al oeste de una península. Cinco comarcas, dos costeras y tres interiores, lo componen. Su orografía se caracteriza por mesetas, riberas y valles; poco montañoso. Posee una tierra fértil y verde. Siempre ha estado gobernado por reyes de la dinastía Tesira. Su escudo representa dos torres, entre las cuales se extiende un mar ondulado, sobre el cual surge un Sol naciente. Su lema es “El horizonte del mundo”, dado que es el reino más occidental de su península. Es tierra de “mar, vino y aromas”.

La capital del reino es Ciudad del Puerto. Sobre un altozano, ésta erige su fortaleza (la Muralla de Olas, que imita las ondulaciones propias del océano), en el interior de la cual se alza el castillo, donde destacan los lugares más típicos: la Torre del Homenaje (que alberga, amén de otros muchos, el Salón del Trono y la Sala de Audiencias), el Patio de Armas, y demás. La fortaleza presenta cuatro entradas, una en cada punto cardinal. La más importante de las cuatro es la Puerta del Mar, ubicada en el oeste.

Las gentes comunes viven alrededor de la fortaleza. Ciudad del Puerto es viva y activa, con notable actividad mercantil y marinera. Algunos puntos notables de la ciudad son: la plaza de las Especias (núcleo comercial con planta pentagonal), la calle de los Oficios (la arteria central de los talleres artesanales), la avenida del Pescado (la cual se extiende siguiendo la playa), el camino de la Sal, y un prolijo etcétera. La vía más destacada es la Escalinata: larga y ancha avenida cuyo empedrado, acompañados por blancas columnas, desciende en largos peldaños desde la Puerta del Mar al Puerto Real.

Pero, más allá de Élsath, a nudos y leguas de Ciudad del Puerto, se encuentra el otro escenario principal de la narración. Se trata de la isla. Su existencia es casi mitológica y legendaria. Pero allí está. El Ulises, la carabela comandada por el caballero Aldemar, ha surcado el océano en su búsqueda. Se piensa que pueda ser la más septentrional de un conjunto de pequeños islotes. Su forma es ovalada. Llama sobre todo la atención por su imponente caldera, alzada en el sur de su geografía.

Esa isla y ese volcán son el destino del largo viaje de Aldemar y compañía a bordo del Ulises. Pero, verdaderamente, no son sino el comienzo. Son el punto donde empezará a trazarse el triángulo escaleno que da título a la novela, el que anudará perpetuamente las almas de las tres historias. Porque en sus entrañas se halla el tesoro de ambrosía: el néctar de la vida eterna. ¿Dónde está esa isla?, ¿existe en nuestro universo? Confesaré algo: no, no es Lanzarote; pero está cerca. Deseo que anheles conocerla y que sueñes con admirar el prodigio divino que palpita en sus adentros: el latido que teje el mimbre que nos enlaza más allá de la muerte.

 

 

 

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