¡Muchas gracias por todo!

La aventura de escribir, con sus dificultades y sus gratificaciones, es un periplo que unas veces se recorre deprisa y otras despacio (más aún cuando uno es autopublicado). Este último año, con la publicación de Trébol de madera, algunas cosas han ido más despacio de lo que hubiera imaginado, mientras otras siguen transcurriendo a mucha velocidad. La vida se vuelve más complicada, el tiempo se contrae, las expectativas cambian y hay que reconsiderar objetivos y prioridades. Sea como sea, lo mejor de ese periplo es que nunca se recorre en solitario. Y hoy, antes de hacer un alto en el camino, deseo dedicar unas líneas breves, seguramente insuficientes, a reconocer a quienes vienen conmigo.

Lo primero y lo más importante siempre será dar las gracias a los lectores: conocidos y desconocidos, de cerca y de lejos, amantes del libro impreso o de las letras en pantallas, etc. Sean como sean, son mi razón básica para escribir. Me los imagino con cada página que termino y releo. Mi gratitud nunca será suficiente para compensar lo que suponen sus comentarios, sus puntuaciones, su fidelidad y su generosidad en muchos sentidos.

Escribir un libro es muy difícil. Eso está claro. Pero hay que personas que consiguen que sea un poco menos endiablado. En ocasiones, lo único que se necesita es la compañía y la evasión de los demás. Por eso, les doy las gracias a los amigos y la familia que están a mi lado, me ayudan y me animan hasta sin saberlo; en especial, a aquellos que más me acompañan y, además, me mejoran con sus correcciones: a Ángel y mis padres.

Aparte de Ángel y mis padres, que tantísimo me aportan y soportan, hay una persona sin la cual no podría seguir adelante desde el punto de vista editorial (y muchos otros). Es Pilar, la mejor amiga que uno puede tener la fortuna de encontrar, responsable de la imagen y el diseño de la portada del libro (como de los anteriores). Ella también habita en las calles de Ciudad Fortuna y batalla contra las inclemencias de la suerte.

Muchísimas personas me ayudan a dar a conocer mi trabajo mediante presentaciones y otros eventos: Teresa Rodríguez, maestra de ceremonias y de muchas otras cosas; Pilar Lahuerta, una vez más (y las que haga falta); Julio García, de Freaklances Project; Rubén Martínez, de Libros Melior; Carmen Serrano, de la BPM de Ontígola; toda la gente de su tertulia literaria; todos los que asisten, participan, etcétera, etcétera…

Por supuesto, muchas gracias a quienes que ayudan con la promoción, compartiendo el contenido del blog o mis mensajes; así como a los blogs que tienen le gentiliza de hablar de mis novelas (Gema de La Contraportada, MJ de La biblioteca de Selene…), los medios que me entrevistan (Luis de Onda Aranjuez, Beatriz de Ser Aranjuez…), y otros amigos y escritores (Marta Sebastián y muchos, muchos más…). ¡Mucha gente!

También, ¡cómo no!, me acuerdo de todos esos seguidores que indican que les gusta mi página de Facebook, que hacen un “retweet” en Twitter, escribe, comentan…

Lo único malo de dar las gracias es tener la certeza de que te habrás olvidado de alguien o de muchos. Espero no haber tenido demasiados descuidos. No era posible mencionar uno por uno a todos los amigos, colaboradores, escritores y demás que me acompañan en esta travesía que, gracias a todos, es menos ardua, a pesar de los pesares.

¡Muchas gracias por todo! ¡Os espero!

 

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3 comentarios

  1. Carmen Serrano dice:

    Muchas gracias y felicidades por tu buen trabajo

  2. Ángel dice:

    Gracias a ti, David, por crear estas historias tan apasionantes en el mundo imaginario de Ciudad Fortuna. Espero con ansia tu siguiente libro. 🙂

  3. Muchísimas gracias a vosotros, como siempre, por viajar hasta Ciudad Fortuna y hacerla cada vez más y más grande. Abrazos.

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