Entre autores: Javier G. Valverde

¡Hola a todos! Esta semana, concluye la tanda de colaboraciones de este otoño. Lo hace con una visita especial: Javier G. Valverde, alguien a quien no solo me une la literatura fantástica sino también nuestros orígenes ribereños. En esta ocasión, Javier responde a una breve entrevista acerca de su novela «La leyenda del bosque que nunca existió», una obra que, seguro, os apetecerá leer después de conocer sus respuestas. A continuación, os dejo con Javier. Saludos a tod@s.

 

LeyendaBosque

La leyenda del bosque que nunca existió te atrapa desde las primeras páginas. Como su autor, ¿recuerdas el momento concreto en que esta leyenda surgió en tu mente?

Sí, nunca se me olvidará. Fue durante la carrera, cuando me pidieron que realizase un “herbario” de plantas silvestres. Me aficioné a recogerlas de un lugar donde existían muchas; especialmente quise encontrar una especie de amapola violeta que me dio problemas por su delicadeza en el transporte. Al final la conseguí y, además, se me ocurrió un cuento corto que un abuelo relataba a su nieto. Ese fue el germen.

La naturaleza y la historia son partes esenciales de la narración de la novela. En el proceso de su creación, ¿qué importancia tuvo la investigación y documentación?

Bastante, David. Mucha más de la que en principio pensaba, ya que no iba a ser una novela con tanta carga histórica en principio. La ambienté, de hecho, en esa época de finales del Imperio Romano, por aquello de darle más “verosimilitud” a la narración. Buscaba un instante de la historia “desconocido” para el gran público, pero eso mismo me obligó a horas y horas de investigación, aunque en el libro apenas aparezca ni la mitad de esta información. Si te digo la verdad, me lo pasé genial durante el proceso y aprendí mucho.

La leyenda que nos cuentas relata instantes de alegría y humor, pero también episodios oscuros. ¿Cuáles fueron los buenos y los malos momentos de escribirla?

Pues mira, lo que menos me costó en el proceso de La leyenda del bosque que nunca existió fue el esqueleto. Tenía claro desde el principio el inicio y el desenlace, al igual que el título. Además, algunos personajes tenían su lugar bien definido en mi mente. Prácticamente “se escribían sólos”, si puede decirse así. Lo más difícil fue darle profundidad y unir la gran cantidad de historias que se entrelazaban para dar una coherencia que, a veces, perdía. También, como he dicho, intenté ser bastante exigente con la época histórica de ese final decadente del Imperio Romano, donde se atisban rasgos medievales que asoman tímidamente la cabeza. Todo debía cuadrar y ser creíble, vuelvo a reincidir en ello.

Dámerfel, Dedalo… La leyenda es una novela coral pero ¿cuál es el personaje al que tienes más cariño? Y ¿cuál es tu momento favorito de la historia?

Difícil elección. No se le puede preguntar a un padre a cuál de sus hijos prefiere…

En fin, haré como si de un lector me tratase…Como bien dices, Dédalo y Dámerfel son parte muy importante de la historia, y me caen bien, lo cual se nota en el libro, y no me importa. Pero también Félix, Ginés, Alcobedo, Alba, Priscina o incluso Elvira me hacen gracia. Si tuviese que elegir, de todas formas, escogería al aprendiz de mago, Dédalo.

Y en cuanto al momento favorito, pues hay varios, todos tienen su encanto para mí, evidentemente. Si me sigues obligando a escoger (jeje) me quedaría con la llegada de Alcobedo a la villa y todo lo que ocurrió en esos momentos, sobre todo porque en ese capítulo auné varias ideas principales que tenía en principio por separado y logré darle una forma continua. Otro momento, añado, sería el final del capítulo de “La decisión del Libro Negro”… aunque no cuento más por no desmembrar la trama…

La magia surge en cierto lugar del centro de la Península Ibérica, en las postrimerías del Imperio Romano. ¿Crees que podría surgir en un contexto como el actual?

Quizás podría ocurrir algo similar pero de otro modo más actual, diferente pero con el mismo sentido. La evolución de un lugar donde la magia (llámese algún tipo de creencia o religión) tenga una presencia sutil que lo envuelva todo y le dé una personalidad característica creo que puede originar una historia similar en el fondo. Está claro que la Edad Media y, en general, la Antigüedad, da pie a un tipo de géneros e historias con mayor facilidad que en otras épocas, pero que podrían adaptarse a la realidad actual.

La novela se lee con gran facilidad. A veces, quedan ganas de saber más de algunos aspectos. ¿Continuará alguna vez esta novela? ¿Hay más historia en ella por contar?

Es una pregunta que parece que interesa bastante a los lectores. Se trata de una historia con principio y fin que nunca se pensó en continuar, pero que, según surgían personajes y situaciones, mostrando sólo en muchos casos la superficie, ha dado lugar a querer investigar más en el fondo. De hecho, yo mismo me aproveché de esta fórmula llegado un momento. De alguna manera sabía que habría lectores que se interesarían por el pasado de algunos personajes y no profundicé más a propósito, dejando el misterio para que cada cual se “inventase” más con sólo una pequeña pincelada. Quise generar interés. En comentarios con lectores, recuerdo por ejemplo este interés por el pasado de Dédalo, de la sacerdotisa, del visigodo, etc. Sé que algunos querrían que hubiese desarrollado más ese trasfondo, pero yo tenía claro que la historia no iba por esos derroteros, y habría sido desviar la atención demasiado.

Para resumir, tengo ideas para algún spin-off, como se suele decir del desarrollo de historias de personajes secundarios, indagando en su pasado concreto y, por supuesto, también hay ideas para una continuación. Ya veremos, con el tiempo, dónde queda todo.

 

JavierValverde

Javier G. Valverde es un escritor amante de la naturaleza y la Historia. «La leyenda del bosque que nunca existió» y «Leyendas de la caverna profunda» son solo algunos de sus diversos proyectos, tanto escritos como audiovisuales.

 

 

 

 

Microrrelato: Imaginación

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Hace unos meses, me propuse escribir algo para un certamen de microrrelatos. Empecé a anotar posibles ideas que venían a mi cabeza. De pronto, cuando reparé en el aspecto del papel que había llenado de garabatos de un montón de colores, decidí dejarlas todas aparte y centrarme en un planteamiento mucho más sencillo, en el que me centré en la virtud que espero que nunca me dé de lado. Así surgio este microrrelato que hoy voy a compartir y que Diversidad Literaria seleccionó para una de sus antologías. Deseo que os guste y que lo comentéis. ¡Os espero!

 

Imaginación

Confíame todas tus revelaciones. No te calles nunca. Susúrrame tus pequeños secretos. Condúceme a tus mundos infinitos. Zambúlleme en tus manantiales.

Te cuidaré más que a mi propia vida. Te adoraré cuando las ideas te sobrepasen. Te esperaré cuando te quedes sin palabras. Contigo nunca estaré solo.

No me dejes nunca. Eres lo mejor que tengo, querida Imaginación.

(David Fdez-Cañaveral, “Pluma, tinta y papel IV”, Diversidad Literaria, 2015)

 

Microrrelato: El calendario

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Hace un año más o menos, me preocupaba descuidarme y olvidar una labor que, si bien en apariencia pueda resultar insignificante y prescindible, ha sido muy importante para mí desde siempre: tener un calendario nuevo antes de que empezara el año nuevo. De ese pensamiento, una mañana, surgieron las frases que componen el microrrelaoto que a continuación comparto con vosotros y que Diversidad Literaria seleccionó para una de sus antologías de microrrelatos, en esta ocasión de tema libre. Deseo que os guste y que lo comentéis. ¡Os espero!

 

El calendario

Una fina capa de nívea escarcha envolvía el mundo. La calle estaba desierta. No había nadie. Nada se movía. Tiendas cerradas, relojes helados, teléfonos desconectados…, y afectos extraviados. Buscó y buscó. Nada encontró.

“¡Maldita sea!”, exclamó. Debió haber comprado aquel calendario. Ahora, los demás vivían un feliz 1 de enero. Él estaba atrapado en el 32 de diciembre.

(David Fdez-Cañaveral, «Pluma, tinta y papel III», Diversidad Literaria, 2015)

 

Entre autores: Noa Velasco

¡Hola a todos! Esta semana, continuamos con una nueva entrega de la sección en la que amigos autores visitan el blog. En esta ocasión, tengo el gusto de presentar por primera vez a Noa Velasco, colega escritor de Aranjuez que transita los senderos de la fantasía, aunque desde perspectivas diferentes a las mías. Os invito a leer esta entrevista y, por supuesto, a descubrir su primera novela: «Kelvalad, la espada oscura». A continuación, os dejo con Noa. Saludos a tod@s.

 

Kelvalad

¿Cuándo te hiciste aficionado a la fantasía?

En mi caso no creo que hubiera un antes y un después: nací en 1980. Desde pequeño estuve rodeado del imaginario de duendes y criaturas fantásticas. El libro de «Hadas» de Brian Froud y Alan Lee debió de convertirse en un fenómeno entre el círculo de amistades de mis padres y crecí con aquellos dibujos, junto con cómics de Conan, películas como «La historia interminable», «Willow» y el legado de J. R. R. Tolkien. Así que mis gustos siempre rondaron alrededor de la magia, la espada y los dragones. Bueno, y los ninja. No olvidemos a los ninja. Para cuando me entró la fiebre de la escritura y tecleaba el ordenador como si no hubiera mañana, ya había caído por completo en las garras de los juegos de rol, videojuegos, series y cómics de temática fantástica.

¿Cuáles son tus autores de género fantástico favoritos?

Como tantos otros, le debo mucho a Tolkien. Con él empecé a escribir mi novela, inspirado por la riqueza de su mundo. En la estantería de mi madre también descubrí a Úrsula K. Leguin y me fascinó la solemnidad de su «Mago de Terramar». Luego un amigo me dejó un libro de R. A. Salvatore y fue mi perdición. He devorado la saga del Elfo Oscuro, entretenida y repleta de acción. Reconozco que me atasqué durante mucho tiempo en los Reinos Olvidados y tardé en volver a leer fantasía, por lo que al volver he disfrutado enormemente con George R. R. Martin y Patrick Rothfuss. Pero si a Tolkien le debo ese arranque y las ganas de canalizar mi imaginación con las letras, y a Salvatore el gusto por las escenas de acción, le debo también a Terry Pratchett, recientemente fallecido. Pratchett llegó a mi librería cuando quise contar otro tipo de historias, más gamberras, y fue amor a primera vista.

¿Qué te inspira? ¿Qué enciende tu imaginación?

Particularmente considero que la imaginación y la creatividad son músculos que hay que mantener en forma y que, cuanto más los usas, más se desarrollan. Pero también creo en las musas, esas que te pillan en los escatológicos momentos en los que el único papel para apuntar ideas es el higiénico; o en la ducha, que más que cantar suelo darle vueltas a mis ideas (también en eso suelo desafinar). Pero lo mejor para atraer a las musas y poner en marcha la maquinaria de las ideas es vivir en general. Salir, hablar con la gente, observar y tener la mente abierta. Cuando la cabeza burbujea salen historias de cualquier banalidad, y es un ejercicio con el que siempre disfruto. A veces no se puede hablar conmigo porque, en mi cabeza, termino los comienzos de historias ajenas de las formas más absurdas.

También son inspiradores los silencios que hay tras momentos cargados de contenido. Cuando terminas el capítulo de un libro, un episodio de una serie, una película o un juego, y te paras a pensar. Dejar la mente libre en una asociación de ideas, meditando sobre lo que has visto, lo que habrías contado tú, qué hubiera pasado cambiando elementos, llevándolo a tu terreno, añadiendo eventos que trastoquen la trama; o metiéndote en la piel de un personaje o del propio artífice, e imaginando otras historias.

En el fondo, el momento menos inspirador para mí, suele ser aquel en el que tengo que inspirarme.

¿Qué novela fantástica te hubiera gustado escribir a ti?

Pensándolo mucho me he dado cuenta de algo. Admiro y disfruto enormemente obras como «El Señor de los anillos» y «El nombre del viento». He deseado ser otros escritores, por supuesto, envidiando su talento. Pero de todas las historias, aún no he encontrado a nadie que haya contado lo que yo quiero contar. No al menos de la misma forma. Y por eso me alegro de no haber escrito yo ninguna de esas novelas que me han cautivado, y me alegro de que, algún día, podré contar otras historias diferentes, completamente mías.

Pero ahora mismo, si tengo que elegir, probablemente rebuscaría entre los títulos de Terry Pratchett porque era uno de esos pocos autores que contaban historias que yo quiero contar, de una forma mil veces mejor de lo que yo podría

¿Qué tipo de fantasía prefieres?

Hasta ahora, con lo que más he disfrutado es con la alta fantasía y las novelas de brujería y espada. Me fascinan los imaginarios ricos en detalles, las ambientaciones cuidadas, el funcionamiento de otros mundos… Y por otro lado me gusta leer de vez en cuando un libro ameno de personajes de rol haciendo cosas de rol sin necesidad de mis desastrosas tiradas de dados. Un asesino en busca de su víctima, un mago recuperando una reliquia perdida, un clérigo para curarlos a todos y mantenerlos en las luces, chisporroteos de magia y andanadas de espadazos. Puede sonar algo trillado, pero ahí llevo yo la mitad de mi vida leyendo libros de Reinos Olvidados y aún quiero saber cómo siguen.

La fantasía oscura me causa sentimientos encontrados. Me genera un desconcertante desasosiego (que entre títulos más ligeros resulta hasta refrescante), pero para mí la fantasía es una vía de escape. Busco sumergirme en un mundo que, aun con sus peligros, me haga sentir cómodo. Si sintiera que mi vida es más fácil, tal vez buscaría en el ocio la sensación de asomarme a un abismo, pero hasta entonces lo haré con mesura.

¿Cuál es el último libro de fantasía que has leído?

Pues es que voy alternando tipos de fantasía. De más reciente a menos:

  • «Tormenta», de Jim Butcher, el primer libro de la saga de Harry Dresden. Fantasía urbana y sobrenatural.
  • «Artemis Fowl», de Eoin Colfer. Fantasía de duendes en el mundo real y ciencia ficción.
  • «El nombre del viento», de Patrick Rothfuss. No tengo palabras para describir esto. «Sublime» suena hasta sucio. Quiero que Rothfuss me abrace con el viento (se llame como se llame) fustigándonos la cara mientras se hunde el Titanic («esto último lo editas y lo cortas, ¿verdad?»).

¿Y a qué te apetece hincarle el diente?

¿Por dónde empiezo? Cada día añado cinco títulos a mi lista de deseados. Por un lado me gusta alternar géneros pero por otro me quema saber que me estoy perdiendo grandes maestros de la fantasía. Tengo muchas ganas de ver qué droga incorporan en sus páginas autores como Brandon Sanderson, Robin Hobb, Steven Erikson, Joe Abercrombie… Y tengo ganas de conocer también a Geralt de Rivia y a Locke Lamora. Y yo diciendo que no quería comprar más estanterías…

¿Qué géneros te gusta mezclar o añadir?

Soy aficionado al género policial y el misterio, aunque cuando se mezcla con fantasía suele ligarse también con el género juvenil. Pero ahí está Harry Potter, una saga maravillosa que disfruta todo el mundo. Por eso ahora estoy peleándome con un proyecto al que le tenía ganas desde hace muchos años, una historia de detectives en mi mundo fantástico de Enor.

También me gusta el steampunk, o algo de ciencia ficción bien escogido. Por eso he trucado el reloj de Enor y he pasado el segundero un par de siglos. Ahora la magia se ha desarrollado al tiempo que la ciencia y la tecnología, dando lugar a un entorno que no llega a ser victoriano, ni mucho menos, pero cambia el steam por la magia.

No olvidemos el humor. El humor es algo maravilloso y necesario, revela la frivolidad de lo serio y la seriedad de lo frívolo. Así que, sin resultar grotesco, me gusta encontrar un mínimo de humor antes de que la gravedad de un libro llegue a resultar ridícula. En serio, me pasa constantemente. Cuando algo me parece seco, acabo haciendo bromas en mi cabeza hasta cansarme de mí mismo.

Nombra un cómic / película / serie / juego.

  • Cómic: «FullMetal Alchemist». El universo de FMA es rotundo, bien compuesto, los personajes tienen profundidad y la historia es completamente memorable. He visto sendas series de animación unas cuantas veces y es una de las pocas que provocan una vibración en mi interior, una mezcla de emoción y euforia resultado de devorar su historia y sentir que estoy ante algo grande.
  • Película: «La Princesa Mononoke». La visión de Miyazaki sobre lo natural conecta automáticamente conmigo, donde espíritus, dioses y elementos conviven con la humanidad pero alejados de todas sus valoraciones, reglas o criterios.
  • Serie: «Avatar». Sobre todo la leyenda de Aang, pero Korra es una digna sucesora. Me sucede como con FMA y La Princesa Mononoke: esa emoción, y una sensación como de haber saboreado un plato único que calienta el estómago al final de cada capítulo.
  • Juego: «Might & Magic: Clash of Heroes». En este caso la fantasía es un mero cascarón para la mecánica de puzle y estrategia, pero sin su estética no creo que me hubiera atrapado en un principio. No me emociona, pero me engancha durante horas y me roba la vida, ¡maldito seas, Clash of Heroes!

Un proyecto actual o futuro.

Cuando termine con el NaNoWriMo, en diciembre, quiero proseguir con una novela corta que se desarrolla en Enor, mi mundo, pero un par de siglos después de Kelvalad. La historia es fruto de una serie de juegos de rol e investigación que quería hacer a mis amigos y de los que surgieron muchas ideas pero sólo un par de sesiones de juego. Barajé la posibilidad de escribir un librojuego con estas historias, para iniciados del rol y el género policial. Ahora retomo la idea pero enfocado a novela, donde unos investigadores de la Orden de Lorian, diosa de la Verdad, deben descubrir al asesino de un prestigioso alquimista. Tienen muchos recursos a su alcance en una era de tecnomagia, además del favor de su diosa, pero todo se complica cuando son acusados de un crimen y han de continuar con la investigación perseguidos por la Guardia. Me están gustando tanto los personajes que estaría genial que esta fuera la primera novela de una saga juvenil.

Observaciones finales.

Lo primero es agradecer a David por esta iniciativa que nos acerca un poquito más a todos. Y después, una observación aleatoria:

Queridos amigos, la fantasía ha reptado por el imaginario de las suficientes generaciones como para hacerse un hueco en el inconsciente colectivo. Se ha filtrado hasta sedimentarse en nuestras más cotidianas formas de comunicación sin la necesidad de ser lo que antes se denominaba con cierto desdén como «friki». Ahora todos somos frikis, todos tenemos aficiones y gustos que han pasado de la oscuridad a la luz. No eres rarito ni antisocial por jugar al rol, a los videojuegos, leer a George R. R. Martin, Asimov o Lovecraft. No necesitas ser un niño para disfrutar de Harry Potter y Miyazaki, ni leer cómics, porque hemos superado hace mucho ese absurdo concepto de que sólo existían Mortadelo y Filemón. Ni siquiera para llenar una estantería de figuritas de Goku, Star Wars o Transformers, pues la afición siempre ha estado ahí pero ahora esos niños han crecido y tienen dinero para disfrutar mejor su frikismo. Así pues, queridos amigos, la fantasía vino para quedarse, para ser parte de nuestras vidas y para ser disfrutada por todo tipo de personas, sin discriminar sexo ni edad. La fantasía es una válvula de escape, una alegoría, una forma de experimentación más flexible de la realidad. Di sí a la fantasía, joder. Repite conmigo: «¡Me gusta la fantasía!», «¡Todos somos frikis!», «¡Voy a comprar «Kelvalad, la espada oscura», de Noa Velasco!», «Voy a seguir a Noa en las redes sociales, le daré Me gusta a su página de Facebook y me suscribiré a su blog, que da +2 a Conocimiento».

Si por alguna extraña razón te has quedado con ganas de más, puedes formular tus propias preguntas. Si lo que buscas es la clave del éxito no creo que pueda echarte una mano a lo Jaime Lannister, pero para lo demás cuenta con mi hacha. Muchas gracias por leernos.

 

NoaVelasco

Noa Velasco es un ilustrador, diseñador y escritor español, nacido en los 80. Es un apasionado de la fantasía en muchas vertientes. «Kelvalad, la espada oscura» es su primera novela. Descubre mucho más sobre sus proyectos en el El mundo de Enor.

 

 

 

 

Entre autores: Ana Bolox

¡Hola a todos! Este otoño, continúa la sección en la que otros autores amigos visitan el blog para intercambiar textos sobre aquellos temas que tenemos en común. Después de la grata experiencia con Luis A. Santamaría, esta semana, la genial Ana Bolox, quien ya visitó el blog antes, regresa para compartir los comienzos de su pasión hacia la novela policíaca y, en definitiva, contarnos cuál o cuáles son sus referentes a la hora de crear estupendas historias como las de Carter & West. Con mucho gusto, le cedo la palabra. Leed con atención. Saludos a tod@s.

 

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Mis referentes como escritora

Después de la primera grata experiencia, David F. Cañaveral y yo hemos quedado en intercambiar de nuevo una entrada en nuestros blogs. En esta ocasión, decidimos que tal vez a nuestros lectores les interesaría saber algo sobre nuestros referentes, ya fueran autores o novelas concretas, a la hora de escribir.

El principio de una historia

Era una tarde de invierno, lluviosa…

¡En serio! Creedme. No cuento una historia inventada porque ése sería un inicio malísimo, sino la realidad.

Era una tarde invernal de sábado, lluviosa y fría. Yo vivía entonces en la calle Ibiza, casi frente al hospital Gregorio Marañón. Tenía 13 años y había estado dando vueltas por la casa como una fiera enjaulada hasta que recalé en el salón. Allí estaban mi abuela y la segunda de mis hermanas, sentadas en sendos sillones, frente a frente, con los pies enterrados bajo las faldetas de una diminuta mesa camilla donde había un brasero eléctrico que mi abuela encendía para mantener los pies calientes. Las dos estaban leyendo. Me paseé por allí sin que ninguna de ellas me hiciera caso, de modo que acabé con la nariz pegada al cristal del mirador. La lluvia arreciaba, los árboles del bulevar se agitaban por el viento y yo miraba, aburrida, un cielo gris que parecía que iba a caerse de un momento a otro.

Me di la vuelta y las miré.

–Me aburro –dije.

Pero ninguna me prestó atención. Me separé del ventanal y me acerqué a la estantería que recorría toda una pared. Husmeé entre los estantes. Creo que buscaba alguna novela de capa y espada. Entonces era muy aficionada a ellas, pero no encontré nada que me llamara la atención.

–Me aburro –repetí–. ¿Qué libro puedo leer?

Mi hermana levantó la cabeza y me miró.

–¿Te apetece uno de Agatha Christie?

Había oído hablar de ella, por supuesto, pero aún no la había catado. Me encogí de hombros. Podía ser una buena opción. Mi hermana se levantó y se acercó a la librería. Teníamos las obras completas de Agatha Christie. Eran un montón de volúmenes de color rojo con páginas finas, de Biblia que estaban colocadas junto a los tomos verdes de Zane Grey. La vi ojear los títulos y, al fin, alargar la mano y coger uno de los libros. En él había tres novelas, pero mi hermana lo abrió y buscó una de ellas.

–Toma –me dijo–. Ésta te encantará.

El hombre del traje color castaño –leí.

Acerqué una butaca a la diminuta mesa camilla y me coloqué entre mi abuela y mi hermana. Me arropé con las faldetas y comencé a leer.

¿Dije ya que era una tarde fría y lluviosa de invierno? Lo era. Muy fría y muy lluviosa.

Ésa, tal y como lo he contado, fue mi primera experiencia con Agatha Christie. No hace falta decir que disfruté enormemente aquella primera novela que cayó en mis manos y que, como se acaba de comprobar, el recuerdo que tengo de ese primer contacto con la Dama del Crimen permanece indeleble en mi memoria. Quizá por ello asocio Agatha Christie a las tardes lluviosas y una mesa camilla con brasero eléctrico; a mi abuela, a quien perdí poco después de aquella tarde, y a mi hermana segunda, que fue quien me presentó a una autora que me marcaría para siempre.

Agatha Christie, mi fuente original

Durante mucho tiempo no supe (quizá porque no me interesó y no presté atención) de otros autores de novela policíaca. La tenía a ella, Agatha Christie, ¿por qué iba a molestarme en leer a nadie más dentro del género?

Por supuesto, eso cambiaría más tarde, pero lo cierto es que todas aquellas lecturas de novela policíaca que devoré en mi adolescencia fueron de ella. De modo que no podía concebir el género policial como algo distinto a lo que escribía la Gran Dama del Crimen. Hasta tal punto fue así, que, cuando comencé a internarme en los títulos escritos por otros autores, no me parecían dignos. No eran lo que yo entendía por novela policíaca. No respetaban los cánones que había aprendido a apreciar entre las letras de Diez negritos, Asesinato en el Orient Express o Cianuro espumoso. No observaban el estilo al que me había acostumbrado y tardé tiempo en llegar a admirar a algunos de ellos, como P. D. James, que se convertiría más tarde en otra de mis admiradas escritoras, o Michael Innes.

El costumbrismo británico

Y es que, más allá de la novela policíaca en sí, me interesaba también la sociedad reflejada en las novelas de Christie, primero; P. D. James, después, e incluso la del más intelectual Michael Innes. Por ello, quizá (y sin quizá también) mi primer libro autopublicado está protagonizado por Carter & West. Él, un detective de Scotland Yard; ella, una aficionada a las novelas policíacas. Dos británicos que viven en la Inglaterra inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial y que conforman una pareja en la que, aun con características propias que les vuelven singulares (al menos así lo quiero creer), no puede dejar de admirarse cierto aire a las novelas de mi primera mentora.

Si las primeras historias de Carter & Wes, Aracne y La muerte viene a cenar, se desarrollan en un Londres en el que aún sangran las heridas causadas por el blitz alemán, en Quadrivium, segunda entrega de la serie, y ya en formato novela, que verá la luz próximamente, llevaré a mis personajes hasta la campiña inglesa, en la que, ¿quién sabe?, podrían encontrarse con una miss Marple, pero donde, desde luego, habrá pastel de manzana, invernaderos cuyas luces se encienden a media noche, senderos campestres, cotillas que no pueden sobreponerse a su necesidad de atisbar tras los visillos de la ventana y hasta una feria rural.

Un trabajo con el que, en cualquier caso y al igual que con el primero, ambiciono conseguir que lector no sólo viaje en el tiempo y se traslade a una época distinta a la suya, sino invitarle a vivir el detestable crimen supremo, el asesinato, envuelto en una relación en la que la tensión sexual y los diálogos ingeniosos le procuren diversión y entretenimiento. Es decir, el objetivo principal de todo escritor.

 

Ana Bolox es licenciada en filología inglesa. Ejerce como profesora de idiomas, español e inglés, y ha trabajado como traductora de textos científicos. Es editora de su propio blog, Detrás de un escrito, y escritora de novela policíaca. Ha publicado su primer libro de ficción, el primer volumen de una serie policíaca que lleva el título de Carter & West. Colabora con MoonMagazine, Toda una amalgama y Todo eReaders, entre otras muchas actividades.