¿Conoces la verdadera suerte?

20150316Conoceslaverdaderasuerte

Te pedí que imaginaras una ciudad; una que, en realidad, encarna un mundo entero. La encontraste, ¿cierto? Viste sus calles, avenidas, monumentos y rincones para el secreto. Seguiste al minino, que intuye bastante más de lo que aparenta; a la anciana, que dibuja sus vaticinios a grafito; y a esa pobre chica, la que llevaba sus uñas pintadas de fucsia. Ahora, adéntrate aún más en ese lugar.

Imagina ese mundo. En él, aunque no todos son conscientes de ello, viven regidos por una fuerza superior: la suerte. Pero esta no es la suerte que decide quién gana la lotería o quién halla una moneda en el suelo. Es la suerte que, sin piedad, gobierna el destino a largo plazo, decidiendo quién vive, quién muere, quién vence y quién fracasa. Y es una energía contra la que no se puede batallar. Porque es la verdadera suerte.

Y, en este mundo, en esta ciudad, ocurren sucesos preocupantes. Una droga, un curioso polvo rojizo, mata a las personas desafortunadas. Una institución clandestina pretende tomar cartas en el asunto. Y, tal vez, solo un gafe pueda descifrar el misterio.

Te invito a que continúes este camino. Has llegado a Ciudad Fortuna, un enigma carente de límites. Sígueme. Descubre esta ciudad y descubre a algunos de sus habitantes.

 

La chica de las uñas fucsia

20150312Lachicadelasunasfucsia

Si hubiera maquillaje para el corazón, esmaltaría el suyo para que nadie más lo hiriera. Frente al espejito, dibujó con cuidado la línea de sus ojos. ¡No más lágrimas! Esa noche iba a ser la primera del resto de su vida; y la última, en muchos aspectos. Seleccionó su atuendo. Coloreó sus labios. Y utilizó el pintaúñas fucsia que se había comprado.

Salió a la calle. Echó el cerrojo. No tenía a quién decirle adónde iba. Pero no importaba. Era libre; esa noche, más que nunca. Si no merecía a nadie, entonces nadie la merecía a ella. Así que cruzó el barrio bajo un firmamento estrellado. Procuró que sus tacones no tropezaran con el empedrado. Todavía se percibía el calor del verano ya pasado.

Aquella discoteca yuxtaponía ambientes. Algunos parecían un rincón de paraíso; otros, recodos del averno. Era, en fin, un mundo tan irreal como onírico, al que ella se entregó por completo. De improviso, atisbó la sonrisa de un chico guapo. Este le vendió el polvo rojizo. Le dijo que eran pizcas de júbilo, de la alegría que ella anhelaba.

Lo probó. Lo sintió. Danzó en mitad de la pista. Se zambulló en aquel éxtasis de música, destello y sensación. Algo en su interior se intensificó.

Incapaz de frenarlo, recorrió un sendero ascendente. Y, en la cima, halló la muerte.

 

Presagios de grafito

20150309Presagiosdegrafito

¿Cuándo comenzó? ¿Cuándo nació ella?, ¿y cuándo su don? ¿Cuál era el origen de esa larga cadena? Contaba casi noventa años de edad. Pese a ello, regresaba a las mismas cuestiones, aunque hacía tiempo que ya conocía las respuestas, pues todo empezó a la vez. Su don y ella eran uno solo. Procedían de la energía que enhebraba el mundo.

Cuadernos, lapiceros, bosquejos, virutas y pedazos de papel. Ese era su singular tesoro de esquinas ajadas y texturas apergaminadas. Era su legado. Era su obra. ¡Qué pocos la comprendían realmente! Ella no adivinaba; presentía. Veía la fuerza que gobernaba el mundo. Plasmaba sus vaticinios: inspiraba, espiraba, y sus dedos trazaban.

Esa noche, primero vislumbró la imagen de un bruno minino. ¿Por qué? ¡Qué más daba! Las cosas iban y venían. Más tarde, acompañada de su nieto, asistida como siempre por su infinito amor, habló, por fin, de aquel hombre que se avecinaba, y del amuleto que le distinguiría. Su nieto se encontraría con él. Si estaba solo, estaba perdido.

Era un hombre solitario y taciturno, que nació con una maldición. Su dañada memoria añoraba lo que no conocía. Le aguardaba un destino impío.

Sobre la libreta, dibujado a grafito, apareció su amuleto: un trébol de cuatro hojas.

 

El colega felino

20150305Elcolegafelino

Su pelaje era del mismo color que la noche. Y esta era su terreno. Bajo el hechizo de la Luna, presentía, correteaba, se escabullía, y conseguía todo cuanto quería. Sus ojos de iris dorado alumbraban hasta las más profundas tinieblas. Le permitían ver las muchas cosas que el resto de los habitantes no discernía. ¿Cómo podían estar tan ciegos?

Todo era diferente cuando el Sol refulgía. Entonces, las personas sí le percibían. Algunos se asustaban. “Mal presagio”, susurraban. Él se ocultaba. Pero esos no comprendían la verdad: que todos estaban atrapados por la energía que gobernaba la ciudad. Y que esa ciudad era todo el mundo. ¡Y qué distinta era la ciudad según la noche o el día!

La noche era su terreno, sí; y las alturas, su debilidad. Brincaba de un lado para otro. No importaban los obstáculos. Siempre existía un sendero escalonado que solo él advertía. Conquistaba los tejados. Escrutaba el horizonte incierto. Maullaba, brincaba y extendía su pata, en un terco intento por arañar la Luna. ¡No se rendía!, ¡lo conseguiría!

Esa noche, trepó hasta su azotea favorita. Se deslizó hasta la terraza de una buhardilla. Inadvertido, observó a un hombre taciturno en su solitaria y maldita vida.

Aquel hombre le gustó. Y se dijo que muy pronto le conocería.

 

Bienvenido a Ciudad Fortuna

20150302Bienvenidoaciudadfortuna

Imagina una ciudad; una que, en realidad, no es sólo una ciudad, sino un mundo entero. Es el enclave que anhelas alcanzar aun sin saberlo. Posee un influjo magnético, carente de límites, que, para muchos, todavía es ignoto. Imagina esa ciudad.

Imagina lo que aguarda. Traza sus calles. Recorre sus avenidas. Contempla sus edificios. Deléitate con la infinidad de su firmamento. Un tintineo adictivo procede del subsuelo. Abundan los rincones. Toda ella es morada de enigmáticos secretos.

Un hombre subsiste marcado por la maldición más indeseada. Una joven desea quebrar la jaula dorada que la encierra. ¿Puedes verles? Hubo un niño feliz hace mucho tiempo. Hubo un padre que acogió a un hijo extraviado. Se añoran las compañías. Persisten los recuerdos. Y un minino intuye mucho más de lo que parece.

Existe un universo por descubrir. Siente su fantasía. Hallarás horizontes imperecederos. Te animo a adentrarte. ¡Tienta a la ventura y el porvenir! ¡Lanza los dados! Sígueme. Yo conozco el camino.

Bienvenido a Ciudad Fortuna.